¿Qué hacer?

Hay que persistir en la lucha. Cerrar filas contra los enemigos de la paz. Y exigir el respeto y el acatamiento de los acuerdos pactados. En la perspectiva la Asamblea Nacional Constituyente.

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Editorial del Semanario VOZ

Los resultados del plebiscito del pasado 2 de octubre significaron un revés para los acuerdos de paz entre el Gobierno nacional y la guerrilla de las FARC-EP, pero tampoco es el acabose que pregonan algunos medios de comunicación del país y del exterior.

El No, promovido por la extrema derecha logró 6.431.376 votos, equivalentes al 50.21% y el Sí, respaldado por un amplio abanico de fuerzas políticas y sociales comprometidas con la paz, colocó 6.377.482 votos, equivalentes al 49.78%. El total de votantes fue de 13.066.047, aunque los votos válidos fueron 12.808.858, porque 86.243 fueron no marcados y 170.946 nulos. Como dato curioso los votos no marcados y los nulos, cada uno, son de cifra superior a la estrecha diferencia entre el no y el sí (53.894 votos, equivalentes al 0.43 por ciento). La participación fue del 37.43%, es decir, un 62.57% de abstención.

La diferencia es precaria, por ende más que una aplastante derrota hubo la polarización entre las dos fuerzas contendientes, que se repartieron de a por mitad el respaldo de los votantes. Aunque por pequeña mayoría el No se convirtió en el ganador.

Los resultados desataron una crisis en el bloque hegemónico de poder y también en el proceso hacia la implementación del Acuerdo Final de La Habana, que queda en la incertidumbre mientras se decanta el proceso político.

Ambas fuerzas no son homogéneas. Las del No, encabezadas por la extrema derecha uribista, incorporaron a Andrés Pastrana, ficha de la derecha internacional que conspira bajo la tutela de círculos ultraderechistas del imperialismo contra las democracias en América Latina, Martha Lucía Ramírez, quien renunció a la Dirección Nacional del Partido Conservador y el cavernario exprocurador Alejandro Ordóñez; así como otros “idiotas útiles” que por diversas razones terminaron apoyando esa opción antipaz. Y las del Sí que involucraban a los partidos de la Unidad Nacional (coalición de Gobierno, con el débil apoyo de Cambio Radical) y los partidos y movimientos de izquierda y organizaciones sociales y populares, agrupados en el Frente Amplio por la Paz.

El Centro Democrático que reclama el triunfo se presenta con el derecho a exigir la modificación del Acuerdo de La Habana, para introducir cambios inaceptables que cambian la naturaleza de lo pactado. El presidente Santos, ratifica el cese bilateral y definitivo de fuegos y hostilidades, al tiempo que asegura seguirá buscando la paz. Designó una comisión especial para dialogar con el uribismo, después de una reunión con partidos políticos en la Casa de Nariño. Pero no asume la responsabilidad por los resultados adversos. Sus concesiones a la extrema derecha y los atropellos a la lucha social están en las causas de estos.

Hasta ahora nada ha cambiado. Declaraciones van y vienen, mientras los medios tratan de reacomodarse al vencedor, como suele ser siempre, con la pretensión de una solución en las alturas y que comprometan los representantes de la clase dominante que están enfrentados, excluyendo a los demás.

¿Qué hacer?

*Apoyar el Acuerdo Final de La Habana en su integralidad. Es legítimo y cuenta con el respaldo de la comunidad internacional y está depositado en Berna en el Consejo de la Federación Suiza en la condición de Acuerdo Especial. El resultado del plebiscito es esencialmente político y no jurídico.

*El Acuerdo Final incorpora con fuerza la búsqueda de un Pacto Político y Social lo más amplio posible, sin exclusiones, para respaldar la paz y fortalecer la democracia de conformidad con los acuerdos concretos de La Habana. En el camino de su implementación debe abrirse a todo el país, incluyendo a los destacamentos sociales, víctimas de la desatención oficial, de la explotación del capital y de la injusticia social. No puede ser un acuerdo de cúpulas sino donde la participación de ciudadanos y ciudadanas, de la gente del común y de las masas populares sea fundamental. Hay que cerrar filas contra cualquier pretensión de imponer un nuevo pacto bipartidista.

*Promover la movilización social y popular en defensa de la paz, por la democracia y la justicia social y en apoyo del Acuerdo Final para la Construcción de una paz estable y duradera. Es clave la movilización y el apoyo de masas, el camino lo han mostrado los destacamentos de jóvenes y estudiantes que se han manifestado estos días en Bogotá y de campesinos en las regiones azotadas por la violencia. Organización y resistencia de masas ante el embate de los guerreristas. En este sentido, fortalecer el Frente Amplio por la Paz.

*Recabar el apoyo internacional que ha sido significativo a lo largo de los diálogos y de los eventos concretos de los acuerdos.

Hay que persistir en la lucha. Cerrar filas contra los enemigos de la paz. Y exigir el respeto y el acatamiento de los acuerdos pactados. En la perspectiva la Asamblea Nacional Constituyente.

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