Traspiés de la paz

El resultado del plebiscito por la paz tiene efectos políticos y no jurídicos. El proceso de paz está por encima de intereses partidistas

Con sorpresa recibieron los activistas del Sí los resultados adversos del plebiscito

Con sorpresa recibieron los activistas del Sí los resultados adversos del plebiscito

Hernán Camacho
@camachohernan

Es un revés político por alcanzar la paz, pero no es una derrota absoluta. Solamente el 35% de los colombianos asistieron a las urnas el pasado 2 de octubre, confirmando la tradicional abstención a las decisiones políticas. De 34.899.945 personas habilitadas para votar, a las urnas llegaron 13.066.047. Millones ausentes de las urnas y las decisiones trascendentales en el país.

Lo acordado en La Habana entre las FARC-EP y el Gobierno Nacional fue negado por 6.431.376 colombianos mientras que el “Sí” obtuvo 6.377.482 votos. Una pírrica derrota de menos de 53 mil votos pero que ha causado una desestabilización política significativa.

Sobre las 7 de la noche del pasado 2 de octubre y junto a la delegación de paz encabezada por Humberto de La Calle, el presidente Juan Manuel Santos, ratificó que se mantenía el cese bilateral al fuego y que llamaba a un gran diálogo nacional para encontrar el camino a la implementación de los acuerdos. El mandatario reconoció la derrota pero llamó la atención por el margen estrecho.

Crisis institucional

Su corta declaración fue sintomática de la crisis institucional que desataron los resultados. El jefe de negociación del Gobierno puso a disposición del Presidente su renuncia al cargo, la otrora Unidad Nacional quedó a la deriva sin asumir la responsabilidad política por la carencia de votos, varios de los sectores políticos declarados oficialistas hoy acuden solapadamente a la bancada de la derecha y exigen renuncias al gabinete de Gobierno.

A eso se le suma la débil campaña publicitaria del “Sí”. Un mensaje equivocado frente a la necesidad de entrar a un nuevo escenario de reconciliación nacional, negando la posibilidad para que los colombianos conocieran en profundidad lo alcanzado durante una negociación de cuatro años, pues temas como el desarrollo agrario integral, la ampliación de la democracia y los mecanismos efectivos de participación de la ciudadanía en las decisiones públicas, no aparecieron.

Las campañas

Y es que la imagen del presidente Juan Manuel Santos se convirtió en la contra-campaña para los cambios sociales que ofrece el acuerdo. Todo un contingente de reformas tributarias, un paquete legislativo lesivo al pueblo, leyes antidemocráticas, entrega de baldíos a empresarios con la ley de Zidres, reforma pensional y recorte a programas sociales, laceran el entusiasmo que podrían despertar los anuncios venidos de Cuba.

Por lo contrario, la campaña del “No” aprovechó la debilidad del Gobierno para imponer mediáticamente mentiras y medias verdades. La mayor argumentación del Centro Democrático se simplificaba en el sacrificio que asumirían los colombianos ante una reforma tributaria para el pago de la reincorporación de la insurgencia.

Otro aspecto de la propaganda uribista fue señalar una supuesta ausencia de justicia en los acuerdos. El aparato propagandístico de la extrema derecha desestimó la verdad como aspecto fundamental para las víctimas del conflicto y las garantías de no repetición y rechazó la Jurisdicción Especial de Paz.

La estrategia de comunicación de la “gran prensa” para el plebiscito desalentó el espíritu de reconciliación que expresaban los acuerdos alcanzados. Para analistas de medios, la campaña del “No” tuvo éxito porque a unos días del plebiscito y luego de firmado el acuerdo de paz entre Juan Manuel Santos y Timoleón Jiménez, la televisión privada insistía en dejar en la retina de los televidentes los dramáticos hechos sucedidos en Bojayá y negarse a cubrir, en debida forma, el acto de perdón genuino que la insurgencia tuvo para con esa población horas antes de abrirse las urnas, entre otras informaciones.

La ciudadanía no conoció de cerca el perdón a las víctimas de Bojayá y La Chinita en Urabá, expresado por la delegación de paz de las FARC, en cabeza de Iván Márquez: “Al llegar hasta aquí, con la ofrenda del Cristo Negro de Bojayá, construido por el maestro Enrique Angulo, uno de los más grandes escultores de Cuba, con tanto esmero y devoción, lo hacemos para rendir el más sentido homenaje, más que merecido, a un pueblo sufrido y emprendedor. Y lo hacemos con el convencimiento de que es necesario mantener siempre presentes a las personas queridas que nos quitó la guerra”.

Y es que esas regiones entendieron la enorme posibilidad que se abría refrendando los acuerdos. De hecho, los resultados electorales dan muestra de un sentido de paz, reconciliación y construcción de país en comunidades como Bojayá, Chocó; Argelia, Cauca; Tumaco y Francisco Pizarro, Nariño; que han sufrido los rigores del conflicto, salieron a darle una lección de dignidad a los colombianos superando la opción del Sí, en casi todos los casos por un 90%.

Un resultado es una muestra de la facilidad de exigir la continuidad de la guerra desde la comodidad de las ciudades capitales. Lo advertía el analista político Rodrigo Uprimny, en una columna de agosto pasado intitulada, Un voto ético: “La paradoja del plebiscito es que la decisión sobre nuestra guerra, que ha sido esencialmente rural, dependerá probablemente del voto urbano, que es mayoritario […]Debemos esforzarnos porque nuestro voto no dependa de caprichos momentáneos o de odios arraigados, sino que responda a una visión global sobre las bondades y defectos del acuerdo para el país en su conjunto, y en especial para las poblaciones rurales, que son las que más sufrirían si la guerra persiste”.

El no

El Centro Democrático, le propuso al país una renegociación que no se va a dar, pues ya se encuentran cerrados todos los puntos de la Agenda para la Terminación del Conflicto. Luego de los resultados electorales el país asiste a una desestabilización política provocada por la indisposición de ese partido frente al proceso de paz. Aída Avella, dirigente de la Unión Patriótica señaló que el uribismo no va a proponer nada “y sí va a atizar la desestabilización política y sabotear todo esfuerzo por sacar adelante las conversaciones y negarse a cualquier tipo de pacto nacional para rodear los acuerdos”.

Paradójicamente, lo que exige el Centro Democrático renegociar son temas de justicia. La Jurisdicción Especial para la Paz resulta el mayor temor para la dirigencia de esa colectividad, pues de instalarse el Tribunal Especial de Paz, tendrá que acudir con el fin de establecer la verdad sobre las responsabilidades de actuaciones directas o indirectas para mantener la guerra en Colombia.

El futuro inmediato

El escenario que se avecina se va decantando en la medida en que las partes declaran públicamente que siguen firmes en el propósito de la paz. El origen de la refrendación proviene del máximo tribunal constitucional. La Corte Constitucional señaló que el plebiscito no tiene efectos jurídicos pues se trataba de una opinión política debido a que no se podía afectar el derecho constitucional de la paz.

“A través del plebiscito, el Gobierno, con la anuencia del Congreso, llama al pueblo para que se pronuncie sobre una decisión de trascendencia nacional, que no corresponde a un proyecto de norma jurídica, sino acerca de una decisión de política pública a cargo del Ejecutivo, carente de un contenido normativo concreto o de aplicación inmediata”, señaló la Corte Constitucional en reciente sentencia donde avalaba la convocatoria del plebiscito.

Así las cosas el llamado es a conformar un amplio frente que defienda los acuerdos de La Habana, su implementación y las razones por las cuales se pretende acabar con la guerra. Para las FARC-EP la guerra no es una opción inmediata y espera que en un escenario político se encuentre la fórmula para dar continuidad a un acuerdo de paz que ya se firmó.

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