Evitar un retorno al pasado

Los países garantes, los acompañantes, la Casa Blanca, El Vaticano, la Unión Europea y personalidades del mundo, sorprendidos por los resultados del plebiscito, abogan para evitar volver a un pasado de violencia fratricida

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Ricardo Arenales

La primera reacción de la comunidad internacional ante los resultados del plebiscito del pasado 2 de octubre en Colombia fue de estupefacción. Nadie podía entender cómo en un país donde no acaba de terminar un largo esfuerzo por poner fin a cincuenta años de conflicto, una mayoría de votantes, pequeña pero significativa, rechaza esos esfuerzos y deposita su voto por la continuación de la guerra.

Uno de los primeros en manifestar una opinión al respecto fue el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Un comunicado de su oficina señala: “Tras el resultado del plebiscito, el secretario general acoge con satisfacción el compromiso público del gobierno de Colombia, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo, y de todas las fuerzas políticas del país, para seguir trabajando para poner fin al conflicto armado y construir la paz duradera.

“Después de más de cinco décadas de guerra, los colombianos no se merecen menos. Mientras se llevan a cabo los esfuerzos políticos para evaluar el camino a seguir, el secretario general considera que se debe hacer todo para mantener la calma y evitar un retorno a la violencia. Se felicita a las partes por su compromiso, según lo expresado por el presidente Juan Manuel Santos y por el comandante Timoleón Jiménez, de las FARC-EP, de mantener el cese al fuego bilateral declarado el 29 de agosto”, concluye el comunicado de las Naciones Unidas.

Colombia, polarizada

El gobierno de Noruega, que junto al de Cuba ejercen como garantes del proceso de negociación, expresó su apoyo a la idea de seguir negociando, pese a la “decepción” por el triunfo del no en el plebiscito.

“No hay dudas de que estamos decepcionados”, declaró el ministro de Relaciones Exteriores, Borge Brende, a la radio NRK. “Creo que la causa es que Colombia está muy polarizada. Muchos no quieren que las FARC participen en un proceso político ni que sus líderes reciban penas menores (…) Pero las FARC y muchos campesinos pobres tienen resentimientos hacia la actuación de militares y grupos paramilitares”, precisó el titular de la cartera de exteriores noruego.

Estados Unidos también reaccionó en las horas siguientes a la divulgación de los resultados de la consulta popular. El gobierno de ese país dijo estar listo para apoyar la búsqueda de un nuevo acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC, que tenga el respaldo de la mayoría de los colombianos para su implementación.

El vocero de la Casa Blanca, Josh Earnest, dejó en claro que el camino a seguir será determinado por el presidente Juan Manuel Santos y las FARC, quienes, insistió, deberán proceder “en consonancia con la voluntad del pueblo colombiano”.

Hasta lo imposible por la paz

“El presidente Obama ha observado en varias ocasiones que la democracia puede ser a veces desordenada, y esto podría ser el ejemplo más reciente de ello. Pero la buena noticia es que todas las partes, incluidos los votantes, todavía están centrados en alcanzar esta paz negociada”. “Creo que todo el mundo estuvo sorprendido por este resultado. Mucha gente esperaba que el acuerdo fuera ratificado y gran parte del análisis que se hizo con antelación lo predijo, pero no fue así”, puntualizó el portavoz de la Casa Blanca.

El mismo día en que se conocieron los resultados del plebiscito, el presidente Nicolás Maduro dijo: “Yo digo desde Venezuela: los asuntos de Colombia deben resolverlos los colombianos; y los asuntos de la paz cuentan con todo el apoyo, presidente Santos, comandante Timochenko y pueblo de Colombia, cuentan con todo el apoyo del Gobierno bolivariano y revolucionario, para seguir construyendo y haciendo lo posible e imposible por la paz de Colombia”.

Dos días después, Maduro solicitó al gobierno de Colombia que mantenga el cese al fuego de manera indefinida, cumpliendo así con el compromiso internacional que adquirieron ante la Organización de las Naciones Unidas.

La canciller venezolana Delcy Rodríguez dijo que la paz en Colombia es irreversible. “El resultado adverso (del plebiscito) se debe a la influencia de los ataques mediáticos, de la operación psicológica persistente y de la propaganda de guerra. Sabemos que en los lugares más afectados por la guerra, que son básicamente las zonas rurales, ganó el sí a la paz. Es insólito que se llame a votar por la guerra. Es una cosa que no tiene ningún tipo de parangón, ni en los tratados internacionales ni en las legislaciones locales”, puntualizó la funcionaria.

América Latina no lo entiende

También el Vaticano expresó su punto de vista: “Tengo que decir que el presidente Santos está arriesgando todo por la paz. Pero veo también otra parte que está arriesgando todo para continuar la guerra. Esto hiere el alma”, dijo el papa Francisco en una declaración dos días antes del plebiscito.

Un aspecto polémico de las declaraciones del sumo pontífice es que no confirma su visita a Colombia el próximo año, probablemente desalentado por los resultados del referendo. El presidente Santos había dicho, hace un par de semanas, que la visita del papa seria en el primer trimestre del año entrante, versión que fue de inmediato desmentida por la jerarquía eclesiástica colombiana. “Yo prometo que cuando este acuerdo sea blindado por el plebiscito, el reconocimiento internacional, yo iré a Colombia para enseñar la paz”, puntualizó el pontífice de la Iglesia. Como el blindaje del plebiscito no se ha producido, el anunciado periplo por Colombia al parecer queda en el congelador.

Una reacción anticipada a los resultados del plebiscito, destacada por la prensa colombiana, fue la del expresidente Pepe Mujica, quien en una entrevista a la periodista Laura Gil, a la pregunta de cómo reaccionaría América Latina si Colombia dice no al plebiscito, el político uruguayo dijo: “Si Colombia dice no, daría la impresión de ser un pueblo esquizofrénico, que se aferra a la guerra como forma de vida. América Latina difícilmente lo entendería y sería una frustración para lo mejor de Colombia”.

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