Historias sin rencor en la radio

“Soldado, aprende a tirar: /tú no me vayas a herir, que hay mucho que caminar…” (…) “No sé por qué piensa tú,/soldado, que te odio yo, si somos la misma cosa,/yo, tú. “(…) Nicolás Guillén

Isauro Yosa, Manuel Marulanda, Ciro Trujillo y otros guerrilleros marquetalianos.

Isauro Yosa, Manuel Marulanda, Ciro Trujillo y otros guerrilleros marquetalianos.

Armando Orozco Tovar

Abriendo el libro de Nicolás Guillén, poeta cubano (1902-1989) del país donde se desarrollaron los Acuerdos de La Habana: “El Son entero”. Editorial Lozada, Buenos Aires, 1952. En su primera parte están: “Cantos para soldados y sones para turistas”. Titulados: “Soldado aprende a tirar” y “No sé por qué piensas tú”. Dos poemas escritos como para la actual situación de paz en Colombia, donde se aprecia que los guerrilleros no son tan malos como los han pintado a lo largo de todo este tiempo de contienda, creando un imaginario siniestro en la mente de las personas.

Los guerrilleros son colombianos, que por falta de un Estado más equitativo se fueron para el monte: Chicos y chicas, hombres y mujeres adultas y hasta niños que no tenían ni tienen aún una patria protectora que les permita desarrollarse. Así nació la guerrilla de hace cincuenta años sin ir más lejos en la historia, solo la que comenzó en las montañas del sur, donde no había para dónde coger después de la desmovilización de los guerrilleros liberales de los Llanos Orientales con la entrega de sus armas. Organizándose para proteger y salvar sus vidas porque la represión, persecución y muerte eran muchas, generalizándose en vastas regiones.

Era población civil en armas, teniendo que organizarse para intentar construir una república, que si bien existía no era para todos. Sino para unos pocos, los verdaderos dueños minoritarios de la nación. Fue así como se crearon las llamadas “repúblicas independientes” de Marquetalia, el Pato y Guayabero, llamadas así por un político conservador luego asesinado por su propio establecimiento. Un pequeño organismo, que como una célula de un cuerpo, comenzaba a difundirse poniéndole fin, atacando y eliminando al Estado de raíz. Pero la necesidad hizo que esa pequeña célula viviera sin ser derrotada. Así nació la guerrilla donde entraban los campesinos despojados de la tierra, buscando otro destino.

A los combatientes hay que oírlos hablar cuando pasan por la radio en la madrugada sus historias, narradas con sinceridad, sin ínfulas y humildad, con palabras claras, sin lamentos ni falsos arrepentimientos, con palabras francas, como quien cuenta un hecho natural: “-Yo era muy joven, y no tenía para dónde coger cuando me echaron de la casa”. –“Aquí en esta región, dijo otro, no había escuelas, puestos de salud, ni dónde ganarse un peso que no fuera a través de la prostitución, ejerciéndola en las empresas extranjeras cercanas”.

“-Yo, manifestó uno que llevaba 15 años en la guerrilla, era muy joven, atrayéndome, porque en ella había organización, estudio y trabajo. No sólo se peleaba contra el Estado, que un día quisimos cambiar por otro que nosotros crearíamos y al que se interpusieron muchos factores como la aparición del narcotráfico. La organización como tal sobrevivió, pero en vez de una propuesta de vida por parte del gobierno se nos dio plomo a la lata”. “Hoy con los Acuerdos de La Habana, manifestó otro entrevistado, existe la posibilidad que retornemos a una vida normal”.

“-Eso sí justificará la paz con justicia social”, expresó una guerrillera, que dijo levantarse muy temprano para hacer el desayuno. Contó que había ingresado a los trece años. Todos los que hablaban por la radio lo hacían sin ínfulas ni impostura, pero un buen escucha notaría cierto dejo de dolor y nostalgia, que no dejaba percibir sus voces de esperanza y alegría. Era gente buena. Eso se notaba cuando narraban sus historias sin odio ni rencor.

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