Matthew, plebiscito, Premio Nobel y algo más

Nuevos elementos en el proceso político lleno de contradicciones e incidentes. Los estudiantes se movilizan por la paz

La manifestaciones estudiantiles reflejan el rechazo a la guerra y el deseo de la joven generación a vivir en paz.

La manifestaciones estudiantiles reflejan el rechazo a la guerra y el deseo de la joven generación a vivir en paz.

Hernando López

En medio del huracán Matthew que asoló las costas del Caribe y se ensañó, en particular, contra Haití, como suele hacerlo la naturaleza sin piedad contra los países más pobres, que son los más desprotegidos por el ser humano, avanzaron en Colombia las incidencias posplebiscito en el que resultó victorioso el no por estrecho margen, promovido por la extrema derecha opuesta a la paz y que reclama un nuevo acuerdo con las FARC-EP.

Al contrario del huracán Matthew que hizo el recorrido previsto en las predicciones meteorológicas y se llevó por delante todo lo que encontró a su paso, la situación colombiana avanza en medio de contradicciones, avances y retrocesos, propios del desarrollo dialéctico de los procesos políticos y sociales.

El lunes 3 de octubre el país estaba sacudido por la crisis del Acuerdo Final de La Habana, algunos medios lo confinaron en el limbo, pero lo cierto es que, con la victoria del no, quedó en entredicho su implementación.

Los uribistas, envalentonados por la mínima victoria, reclamaban otro acuerdo que equivalía no solo a modificar el que había sido firmado el 26 de septiembre por el presidente Juan Manuel Santos Calderón y Timoleón Jiménez en Cartagena de Indias con el acompañamiento internacional y el júbilo de los partidarios de la paz en Colombia, sino a la ruptura del proceso de paz porque el acuerdo digno sería cambiado por la imposición del sometimiento a la justicia, la cárcel para los dirigentes de la insurgencia y la eliminación de toda reivindicación política y social que supere las causas del conflicto. ¡Ni más ni menos!

Oposición agresiva

Las reuniones del presidente Santos con Álvaro Uribe Vélez y su corte y con el ex presidente Andrés Pastrana, por separado, el mismo lunes 3 de octubre, no dejaron nada en concreto, porque, como suele concluirse siempre que persisten los desacuerdos, se programó una nueva reunión en la cual se presentarían las diferencias con el Acuerdo de La Habana, que no son pocas, pues en el fondo el uribismo no quiere la paz sino el aplastamiento de la guerrilla. Precisamente el sueño fracasado en los ocho años de la “seguridad democrática”.

El mandatario de los colombianos anunció que seguiría escuchando a los promotores del no para analizar con las FARC-EP qué podría incluirse como ajustes y precisiones al Acuerdo de La Habana. No hubo avances evidentes y la crisis se mantuvo con una oposición agresiva e intransigente, además crecida por la victoria. Aunque en realidad el estrecho triunfo demostró un país dividido de a por mitad, al menos entre los que votaron, porque el 64 por ciento de los ciudadanos se abstuvieron de hacerlo.

Algunos campesinos, difícil cuantificarlos, que en las encuestas se ubicaban a favor del sí, no pudieron llegar a votar en la costa Atlántica por los efectos desoladores del huracán Matthew. Ríos y carreteras se convirtieron en intransitables desde regiones alejadas de las cabeceras municipales.

Sin embargo, a la mitad de la semana pasada, el frenesí uribista, embriagado de triunfo, comenzó a disiparse. La entrevista en el diario La República del gerente administrativo de la campaña del no, Juan Carlos Vélez, reveló lo que todo el mundo conocía: que la publicidad había sido diseñada sobre la base de grotescos y mentirosos montajes, recomendados por asesores internacionales. Algo propio del talante de Álvaro Uribe Vélez, quien pregona que en política “todo vale”.

De otra parte, el Comité Noruego del Premio Nobel de Paz decidió otorgarle el galardón en 2016 al presidente Juan Manuel Santos por el esfuerzo para ponerle punto final a 52 años de guerra. El hecho, sorpresivo después del revés plebiscitario, significó otro reconocimiento internacional al anhelo de paz de los colombianos. Un respaldo sin atenuantes al Acuerdo Final de La Habana. Así fue entendido en el país y en el exterior.

Comunicado conjunto y movilizaciones

Y en el camino de las novedades, el 7 de octubre fue dado a conocer en La Habana el comunicado conjunto de las delegaciones de paz del Gobierno nacional y las FARC en que reafirman que el acuerdo logrado “contiene las reformas y medidas necesarias para sentar las bases de la paz y garantizar el fin del conflicto armado”. Reconocen la decisión en el plebiscito favorable al no y en esta dirección harán consultas diversas y “las propuestas de ajustes y precisiones que resulten de ese proceso serán discutidas entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP para dar garantías a todos”.

Reafirman la decisión de mantener el acuerdo de cese bilateral y definitivo de fuegos y fijan un protocolo para acatarlo y los mecanismos de verificación en cabeza de la misión de las Naciones Unidas. Anuncian que seguirán llevando a cabo misiones humanitarias para lograr la desvinculación de los niños de la guerra, el desminado, la erradicación manual de los cultivos ilícitos y el combate al paramilitarismo. Fue la señal de que ambas partes continúan con el proceso, tomando en consideración el revés sufrido, pero de conformidad con la sentencia de la Corte Constitucional seguirán adelante buscando las mejores alternativas para implementarlo.

Lo más importante que desató la crisis posplebiscito son las movilizaciones estudiantiles que llevaron a la calle a miles y miles de estudiantes en capitales y ciudades del país. En Bogotá se instaló un campamento por la paz en la Plaza de Bolívar y en Medellín los jóvenes se tomaron las calles en torrencial aguacero con el grito de “Antioquia no es Uribe”.

La demanda de los estudiantes es paz ya, conscientes de la maniobra uribista de dilatar el acuerdo para extender la crisis hasta 2018 cuando se realizarán las elecciones presidenciales que la extrema derecha busca ganar. La iniciativa de la movilización la tienen los que promueven la paz y defienden el Acuerdo Final de La Habana. En Bogotá ha hecho carrera la propuesta del ex magistrado y ex defensor del Pueblo, Eduardo Cifuentes, quien propuso la realización de cabildos abiertos para que el pueblo exija la aplicación del Acuerdo suscrito.

Nada está escrito aún en definitiva. El proceso político sigue el curso dinámico y el estado del arte estriba en la búsqueda de alternativas para abrirle paso a la paz. Colombia no está condenada a ser dominada por los esquizofrénicos a los que aludió el ex presidente uruguayo Pepe Mujica.

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