“No es justo mendigar la paz”

“Tienen una deuda con los derechos de las víctimas y con el costo en vidas humanas que tiene su votación sobre las poblaciones que sí padecemos la guerra” Comunidad de Bojayá

Guardia indígena, en el marco del congreso de los pueblos indígenas.

Guardia indígena, en el marco del congreso de los pueblos indígenas.

Carolina Tejada

Desde los territorios más apartados de Colombia, aquellos que han padecido los efectos de la violencia política, esa que se conjuga con el abandono estatal mediado por la ausencia de derechos en salud, educación, empleo digno, permeada por la escasez del mínimo vital como elemento esencial para el buen vivir. A estos territorios denominados los más vulnerables del país, también llegó la violencia militar.

Poblaciones como las de Bojayá, Apartadó, Corinto, Buenaventura, Hacarí, entre otras más, se han conocido en el común de la sociedad gracias a los titulares de los principales medios del país, que anunciaban la injerencia de la guerra. Estos territorios han vivido una tragedia que se ha venido escalonando en la medida en que la guerra se ha prolongado. Bajo estas condiciones y con la esperanza puesta en un papel que decía: “¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera?”, dijeron sí.

El mundo no se esperaba que algunas ciudades principales del país dijeran que no. Tampoco lo esperaban las miles de víctimas de estos recónditos lugares que, además de la terminación de la guerra, esperaban poder comenzar un mejor mañana.

Bojayá: “Nos quitaron la paz”

Bojayá es uno de los estos lugares que, marcados por el abandono estatal y la violencia ejercida por los grupos armados, salió a decir “estamos con la paz”. Conocidos los resultados del pasado 2 de octubre, uno de los líderes por los derechos de las víctimas de esta comunidad, Leyner Palacios, expresaba públicamente: “No es justo que las víctimas tengan que mendigar la paz a Colombia”.

Esta frase se convirtió en la voz de miles de personas a las que la guerra les ha quitado más de lo que el Estado les ha brindado. El pasado 4 de octubre líderes sociales, junto al alcalde de Bojayá, firmaron un comunicado público en el que sientan un mensaje certero al país: “Le decimos a Colombia que a nuestra población no la someteremos a que se reinicie la confrontación armada, y que es obligación del Estado protegernos (…) nos hicieron creer que la paz es posible y ahora urgimos al presidente Santos, a las FARC y a toda la sociedad colombiana a que se respete el sí del 96 por ciento de la población de Bojayá, y a que se implemente el Acuerdo de Paz, tal como se negoció en La Habana”.

En este mismo tono de desesperanza e indignación invitan en su comunicado a que los representantes del no en el plebiscito vivan lo que estas comunidades tienen que vivir en sus territorios: “Invitamos al expresidente Álvaro Uribe y al exprocurador general de la Nación, Alejandro Ordóñez, a vivir en nuestro territorio por una temporada -sin escoltas que los protejan- para que comprendan cómo es estar en medio del conflicto que nos afecta y de la pobreza, y por qué los acuerdos deben ser respetados por ellos también, sin exigir más cambios ni tiempos dilatorios a la paz, que necesitamos en los territorios”.

El Cauca con dignidad

Otro de estos territorios nacionales en donde la guerra y la indiferencia social han tocado fondo es el Cauca. Uno de los líderes de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, ACIN, Edwin Mauricio Capaz, afirmó que miles de indígenas tanto del Cauca como de diferentes partes del país se movilizarán este miércoles en favor de la paz en Bogotá: “Vamos a movilizarnos para encontrarnos con otros pueblos indígenas. Arrancamos el 7 y el 8 para congregarnos con todo el movimiento indígena nacional desde el día 9 al 14 de octubre, para hablar de paz y en respaldo a lo acordado en La Habana”.

En un comunicado público el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, manifestó: “No pudo avanzarse hacia el cierre definitivo del conflicto armado con las FARC con este plebiscito al cual se convocó al pueblo colombiano: han podido más la desinformación, la mentira y el miedo infundado que la emergencia y efervescencia de esta nueva Colombia. Pero el proceso ha echado a andar y no se detendrá hasta que las armas no sean más las que determinen nuestro destino, señalando nuestra ruina; de nosotros depende su duración y resultados”. Al tiempo que reiteran que con los pueblos indígenas del Cauca pueden contar los sectores sociales, armados y el Gobierno nacional para construir la paz, nunca para la guerra.

En el trascurso de esta semana cerca de cuatro mil indígenas de diferentes partes del país llegan a la capital con el fin de participar en el congreso nacional de los pueblos indígenas, y para manifestar su apoyo a los acuerdos de La Habana, y a exigir un diálogo amplio en donde las víctimas y las comunidades étnicas y populares tengan participación. “A los sectores sociales y regiones olvidadas y victimizadas de Colombia los llamamos a un gran diálogo entre iguales para que logremos constituirnos en actores decisorios en esta oportunidad histórica de poder terminar con este ciclo de violencia, la cual hoy se encuentra amenazada”, asegura el CRIC en su comunicado.

Comments are closed.