Jaime Pardo Leal, el candidato de la opinión popular

Después de 29 años del magnicidio de Jaime Pardo Leal su memoria sigue viva entre los colombianos

Jaime Pardo Leal.

Jaime Pardo Leal.

Alberto Bermúdez

El 11 de octubre de 1987, es asesinado uno de los hombres más amenazados en el país, candidato presidencial de la Unión Patriótica, exmagistrado de la República y fundador de la Asociación Nacional de Funcionarios y Empleados de la Rama Judicial Sindicato de Industria Asonal Judicial. Colaboró en la organización y constitución de la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia (CUT), sus reiteradas denuncias sobre un plan de exterminio de los miembros de la UP señalaban al establecimiento como principal responsable, ya que cada vez eran más notables los nexos de cooperación con el paramilitarismo y el narcotráfico.

El mismo año de su muerte, en el mes de marzo, el camarada denunció ante la opinión pública nombres de oficiales y suboficiales de la Policía, el Ejército y las Fuerzas Armadas que estarían involucrados en violaciones de derechos humanos contra la Unión Patriótica. Las autoridades, como siempre, hicieron caso omiso, antes por el contrario, desmintieron sus acusaciones. Frente a la masacre tan bárbara contra la Unión Patriótica, pidió “al Gobierno nacional que nos defina si tenemos derecho a vivir o no en nuestro país”.

El diario El Tiempo del 13 de octubre de 1987 publica las declaraciones del ministro de Justicia Enrique Low Murtra, donde señala a Gonzalo Rodríguez Gacha como el autor intelectual, a William Infante, Olivera Acuña Infante y Bayer Yesid Barrera como autores materiales del magnicidio de Jaime Pardo Leal. Más de trescientas mil personas acudieron a la cámara ardiente del líder popular en la Plaza de Bolívar, y ese mismo 13 de octubre, día de las exequias, la ciudad de Bogotá se paralizó. Hasta esa fecha habían asesinado aproximadamente a unos 498 miembros de la UP, desde su fundación en marzo de 1985.

“La candidatura es una tremenda responsabilidad con mi pueblo y la interpreto como una tarea de honor que me impone el movimiento revolucionario colombiano”, dicho de Jaime, al enterarse de su candidatura a la presidencia de la República, por la renuncia del comandante Jacobo Arenas, quien fue el primero en lamentarlo. Siempre supo que lo iban a matar, todos sabían que lo iban a matar, hasta en sus discursos lo decía:

“Algunos estamos amenazados de muerte, por nuestra fidelidad desde cuando éramos jóvenes, a la patria, al pueblo, a los trabajadores, y a la causa del socialismo. El enemigo no olvida ni perdona, pero nuestra vida se la hemos entregado a los trabajadores, ellos son sus dueños; pero en el evento en que el enemigo lograre arrebatarnos nuestra vida, bienvenida la muerte porque sabemos que indiscutiblemente, al caer nosotros, de la Unión de Jóvenes Patriotas saldrán los que nos deban representar, los que nos deban reemplazar, los que sigan dirigiendo lo que el pueblo quiere: una Colombia en paz, feliz, llena de esperanzas”.

Aunque estés ausente físicamente, sentimos tu presencia, seguiremos persiguiendo tu sueño que es nuestro sueño.

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