La calle es el escenario político

Movilización por la implementación de los acuerdos

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Hernán Camacho
@camachohernan

Ya no solamente es la Plaza de Bolívar la que se está llenando cada vez que los jóvenes, estudiantes y organizaciones sociales llaman a una nueva movilización. Son las todas las plazas de las principales capitales del país en las que se hacen presentes ciudadanos cuya consigna es ¡Acuerdo ya!

El pasado jueves de nuevo las banderas blancas fueron las protagonistas en Bogotá. Una vez más las calles de la capital, abarrotadas de gente, le enviaron un mensaje al Presidente de Colombia Juan Manuel Santos: tomar decisiones rápidas en dirección de la implementación de los acuerdos. Y las medidas llegaron. Con la advertencia de que no era un ultimátum, el mandatario, ese mismo día, anunció su decisión de extender el cese bilateral al fuego hasta el último día del año. Plazo en el que se pretende que el camino del acuerdo final con las FARC-EP esté despejado.

Mientras las reuniones en Palacio presidencial van y vienen entre el Presidente y los grupos del “No”, los voceros del “Sí”, los indígenas y los estudiantes han venido incentivando la movilización social y las iniciativas de todo tipo para apostarle a la paz. Expresiones legítimas de ciudadanos son escenarios políticos para salir de la crisis institucional. Desde cabildos abiertos para entregarle la suficiente legitimidad a los acuerdos hasta discusiones en asambleas barriales o locales en la idea de debatir sobre el momento por el que atraviesa Colombia.

Iniciativas

Paz a la Calle, desde el barrio Park Way, es una asamblea de jóvenes que se reunió en la localidad capitalina de Teusaquillo, después de los resultados del domingo 2 de octubre, y que decidieron mantener la llama de la paz encendida en medio de la taciturna derrota. Desde allí se convocó por primera vez a la ciudadanía por las redes sociales y ha logrado mantener un debate profundo sobre la necesidad urgente de parar la guerra, implementar los acuerdos y entrar en un periodo de reconciliación nacional, desde las asambleas de calle.

Pero qué pasa en el Park Way, le preguntamos a uno de sus asistentes, Pável Santo Domingo, un dirigente nacional de la Unión Patriótica: “se está pasando de las redes sociales a la calle. Es recuperar lo público como un espacio para las ideas y el debate sobre las decisiones del país” y agrega que “las ideas son muchas, pero principalmente que se mantengan e implementen los acuerdos ya, que se respete el enfoque de género y que se mantenga el cese al fuego”.

En términos organizativos, Paz a la Calle se construye básicamente sobre tres comisiones: organización de la asamblea, las comunicaciones y comisión territorial que intenta multiplicar las iniciativas por todo el país. Para ello existe una comisión de diálogos éticos y espirituales que intenta un diálogo con las iglesias y las congregaciones de fe.

“Es una confluencia ciudadana sin afiliación política, con participación de muchas voces e iniciativas en defensa de la paz y en perspectiva de sumarse a la movilización nacional. Paz a la calle es una confluencia de muchas generaciones que persisten en no perder la oportunidad de vivir en un país en paz, más democrático y justo con el campo y las víctimas”, señaló Pável Santo Domingo. La invitación es despolarizar el caldeado ambiente político que vive el país.

Campamentos

Pero no solamente el centro del país es escenario de marchas. Los campamentos por la paz tienen a centenares de ciudadanos viviendo allí a la espera del acuerdo de paz estable y duradera de La Habana. Cada una de las carpas lleva el nombre de un municipio azotado por el conflicto. Por eso se puede ver a Bojayá, Florencia o Corinto en el corazón de Bogotá. Otra iniciativa vista en los últimos días fue la de la artista plástica Doris Salcedo tejiendo una manta blanca en honor a las víctimas del conflicto armado, que cubre por completo la Plaza de Bolívar.

Pero localidades como Suba, una de las más extensas y densas en la capital los jóvenes tomaron la iniciativa, después de pintar un gran mural en alusión a los acuerdos, de convocar a los ciudadanos a una gran asamblea en el marco de Suba-monos por la paz. Hernán Restrepo, habitante de la localidad y militante de la Unión Patriótica, acudirá al llamado y con él líderes sociales de la localidad: “es una iniciativa que va a permitirnos movilizar a una localidad que votó por el “sí” y que pide no solo soslayar la crisis institucional sino la implementación de las 297 páginas de un acuerdo que es para las generaciones futuras del país”, dijo.

A Suba-monos a la paz llegó lo más amplio y representativo de la localidad, incluyendo rectores de colegio, ambientalistas, artistas, presidentes de juntas de acción comunal y ciudadanos.

Mensajes de la mesa

Pero las dos partes en la mesa de La Habana señalaron la importancia de la movilización social por la paz. Desde la Casa de Nariño, el presidente Juan Manuel Santos señaló después de anunciar la prórroga del cese bilateral de fuego: “Vamos a lograrlo. Vamos a lograr terminar para siempre con la violencia, el retorno de los desplazados a sus hogares, la oportunidad de que, como lo reconocen todos, con un país en paz, el progreso, el desarrollo, el empleo lleguen a todos los colombianos. No podemos perder esa oportunidad”.

Y desde la más grande las Antillas, el Secretariado Nacional de las FARC-EP, reunido en pleno, le envió un mensaje a los colombianos: “A todos estos hombres y mujeres –los marchantes y las iniciativas de paz- les manifestamos que las FARC-EP siguen firmes en su decisión de alcanzar la paz y transitar a ser un movimiento político legal. Consideramos de enorme urgencia iniciar ya la implementación del Acuerdo Final, cuyos beneficios repercutirán en la vida de toda la población colombiana, en especial de los más desfavorecidos”, señalan los voceros de las FARC-EP.

Será el próximo 20 de octubre una nueva cita con la historia en las calles para seguir presionando las decisiones necesarias para la implementación de los acuerdos de La Habana y saltar el obstáculo de aquellos líderes del “No” que vienen dilatando los tiempos para echar por la borda la firma de Cartagena pasando por encima de seis millones de colombianos que prefirieron negarse a la guerra.

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