En la mira de la burguesía brasileña. ¡Lula es culpable!

El expresidente y máximo líder del Partido de los Trabajadores asegura que hay en marcha una persecución política en su contra por parte del aparato de justicia, el parlamento y la gran prensa, para cerrarle el paso a su candidatura presidencial en el 2018.

Por: Alberto Acevedo

Lenin aseguró alguna vez que cuando la burguesía tiene la certeza de que el buque en que se mueve está a punto de zozobrar en el mar de la corrupción y de su propia podredumbre, busca hundir al resto de la sociedad en un último y desesperado acto de inmoralidad.

Y esta parece ser la táctica a la que ha acudido la burguesía brasileña. El último episodio de su propia corrupción fue la detención, la semana pasada, de Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados y mano derecha del actual presidente, Michel Temer, acusado de ser uno de los promotores de la corrupción en la estatal Petrobras. Precisamente Cunha y la cúpula de su partido, fueron quienes lideraron el proceso contra la  presidenta Dilma Rousseff, a quien en definitiva no se le comprobó ninguno de los cargos que se le formularon.

Y es lo que hacen, en una perversa conspiración de poderes, contra el expresidente y máximo líder del partido de los Trabajadores, Luis Inacio Lula da Silva, contra quien han elevado al menos tres procesos administrativos por desvío de dineros del estado, sin que tampoco en este caso haya pruebas concretas de los cargos que se le imputan.

Luis Inacio Lula da Silva.

Luis Inacio Lula da Silva.

Lula ha salido al paso a las acusaciones de sus contradictores. En un artículo publicado en el diario de mayor circulación en el país, Folha de Sao Paulo, ha dicho que los fiscales que lo acusan han mentido, “y no pueden volverse atrás mis acusadores. Saben que no robé, no fui corrompido, ni intenté obstruir la justicia, pero no lo pueden admitir. No pueden retroceder después de la masacre que promovieron en los medios”.

Ningún acto deshonesto

“Se convirtieron en prisioneros de las mentiras que crearon, la mayor parte de las veces a partir de notas periodísticas facciosas y sin rigor. Están condenados a condenar y deben evaluar que si no me detienen, serán ellos los desmoralizados ante la opinión pública”, precisó el exmandatario.

Por su condición de líder obrero, militante de izquierda y revolucionario confeso, a lo largo de 40 años de actividad pública, Lula fue siempre seguido por los organismos de seguridad del Estado, por su adversarios y por los medios de comunicación, y jamás encontraron en su labor un acto deshonesto.

Pero en la lógica de los planes de la burguesía brasileña, Lula tiene que ser culpable. Es necesario completar el plan golpista que se inició con  la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y ahora debe concluir con la condena a Lula, para cerrarle el paso a una eventual reelección suya y para sepultar políticamente al Partido de los Trabajadores y lo que él representa como proyecto de cambio social.

Vigilia

A pesar de que no hay todavía ninguna prueba concreta que demuestre enriquecimiento personal, o haberse servido como presidente del Brasil para obtener beneficios personales; y a pesar de que después de haber vivido en el palacio presidencial regresó a su apartamento en un barrio obrero de la periferia de Sao Paulo, Lula tiene que ser acusado, considerado culpable y condenado.

El plan de los círculos de poder en Brasil es impedir que de nuevo un gobierno democrático, popular y soberano se instale en el Palacio de Planalto. Por ello es necesario sacar a Lula del juego político, no importa cómo ni a qué precio. Le temen al hecho de que Lula ha sido el exmandatario que ha salido con mayor prestigio del cargo. Necesitan fabricar una condena, y para ello cuentan con la prensa, el sistema judicial y el congreso.

En la última semana, unas mil personas, en su mayoría provenientes de distintas vertientes de izquierda, mantienen una vigilia en los alrededores de la residencia de Lula, ante los rumores de una posible detención. “No a la detención de Lula”, “Abajo el golpe”, dicen algunas pancartas de los manifestantes que permanecen en el lugar.

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