Inserción mundial para comprar más que para vender

Nos encontramos en un contexto internacional de bajo crecimiento tanto de la producción como del comercio mundial, y con expectativas poco alentadoras para el futuro cercano.

Purmamarca (Jujuy, Argentina). Foto: Pablo Flores via photopin (license)

Purmamarca (Jujuy, Argentina). Foto: Pablo Flores via photopin (license)

Paula Español*

El comercio mundial ha perdido el dinamismo que supo tener años atrás. Según datos de la Organización Mundial del Comercio, en las últimas dos décadas el intercambio comercial global ha venido desacelerándose y se espera que lo siga haciendo en los próximos años. En este marco, y en disonancia con el discurso de los voceros de los organismos internacionales, se escuchan opiniones que siembran cada vez mayores dudas sobre las bondades de la liberalización del comercio global.

Basta detenerse en las recientes declaraciones de los candidatos presidenciales de los EE.UU. frente al avance de la negociación del TPP, el resultado en la elección del “brexit” en Gran Bretaña, o el avance de las fuerzas políticas más extremas y proteccionistas en el resto de Europa.

Argentina, a partir del cambio de Gobierno en diciembre pasado, se ha planteado un nuevo esquema de inserción en el mundo, con la idea de traccionar la economía a partir de las exportaciones, en particular de productos vinculados a los recursos naturales. Los resultados hasta el momento no parecen validar demasiado el rumbo elegido.

Para el período enero-agosto, las exportaciones totales se contrajeron un 1,8%, que más allá del componente de precios, se debe a una fuerte caída de las exportaciones industriales (-13%), así como de productos regionales: en cantidades, se observa una disminución de las ventas externas en manzanas (-16%), peras (-9%), algodón (-11%), vinos (-9%) y yerba (-45%), entre otros. Incluso, el sector minero -uno de los más favorecidos por la devaluación y la quita de retenciones- muestra una reducción de las exportaciones del 2% en cantidades y un 19% en dólares, con el oro (principal fuente de divisas) acumulando una contracción de -22%.

Vale la pena señalar que la reducción de las exportaciones industriales no se explica exclusivamente por la crítica situación económica que atraviesa Brasil, ya que la caída en diversos rubros también se observa en las colocaciones en el mercado mundial. En el sector autopartista las ventas caen a Brasil un 24% y al resto del mundo el 22%. Las cifras para la industria metalúrgica (-24% y -18%, respectivamente), química de consumo (-38% y -15%) o la industria gráfica (-29% y -14%), dan cuenta de una fenómeno similar.

En contraposición a este débil desempeño exportador, se observa un fuerte ingreso de productos del exterior. Aún en un contexto todavía fuertemente recesivo, según el Indec, las importaciones medidas en cantidades crecieron un 6,2% en los primeros 8 meses del año, empujadas principalmente por los rubros de bienes de consumo (20,3%) y automóviles (37,2%). Esta dinámica creciente se observa de manera generalizada a nivel sectorial y no se detiene en los últimos meses sino que, por el contrario, en algunos rubros inclusive se acentúa en el mes de agosto.

Por ejemplo, indumentaria acumula una suba interanual en cantidades del 33% para el período enero-agosto 2016, y lo mismo sucede en calzado terminado (26%); en línea blanca se destacan los casos de heladeras (200%) y lavavajillas (130%); en el rubro de consumo masivo, artículos de limpieza (80%), galletitas dulces (120%), quesos (100%) y golosinas (60%), sin olvidar el sector de alimentos con una importante suba en carne aviar (700%) y porcina (100%), así como en todo el abanico de productos frutihortícolas (zanahorias, papas, batatas, naranjas, cebollas, etc.).

De la misma manera, sectores que deberían verse beneficiados por el crecimiento del sector agrícola en el nuevo esquema macroeconómico, se enfrentan a la amenaza de un importante ingreso de importaciones. Las compras externas de herbicidas crecieron un 22% en el período analizado, con mayor incremento en aquellos que compiten con producción nacional, mientras que la importación de tractores se duplicó, con una fuerte aceleración en el último cuatrimestre.

Como contracara de este proceso, se observa un acelerado esquema aperturista en la cuenta capital del balance de pagos. El cambio de estrategia de inserción financiera internacional se traduce en el incremento del endeudamiento externo. En efecto, las emisiones de deuda en mercados externos entre nación, provincias y privados acumulan cerca de u$s30.000 en lo que va del año a tasas que aún son elevadas en un mundo de bajo costo financiero.

Por el contrario, el flujo de inversión que mayor expectativa generaba -vinculada a los proyectos productivos- es aquel donde justamente los resultados son menos auspiciosos. Durante los primeros seis meses, el ingreso de capitales en carácter de inversión extranjera directa (IED) acumuló u$s1290 millones, frente a un promedio 2011-15 de u$s1.363 millones. Así, en un contexto de fuerte caída de la inversión, la IED no pareciera contrarrestar esta tendencia y tampoco habría señales de que el denominado blanqueo lo consiga en los próximos meses.

En definitiva, nos encontramos en un contexto internacional de bajo crecimiento tanto de la producción como del comercio mundial, y con expectativas poco alentadoras para el futuro cercano. En este marco, plantear una estrategia de crecimiento con el foco en las exportaciones y en el ingreso de importantes flujos de inversión luce excesivamente optimista. Sin perder de vista, además, la dudosa sustentabilidad de un esquema de apertura de la cuenta capital y del balance comercial, en el cual la necesidad estructural de divisas se cubre con el velo del endeudamiento externo. Una película que ya vimos, y cuyo final conocemos.

Apartes tomados de la Revista Virtual [email protected], Universidad de Barcelona, del 4 de octubre de 2016.

* Directora de Radar, Consultora Ex Subsecretaria de Comercio Exterior.

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