Participación política y movilización

Por: Ivanovich Jiménez B.

En América Latina, las formas de expresión y movilización de los jóvenes, recobran protagonismo y se imponen ante los nuevos temas de las agendas políticas en cada país de la región, al tiempo construyen una nueva lógica social. Los últimos acontecimientos en nuestro país, en relación con los desenlaces que pudiera tener el acuerdo de paz, evidencian que la juventud no es un elemento pasivo en la conflictividad social, sino que, por el contrario, en ella, yace un torrente de movilización social y política. Históricamente, los jóvenes no solo han reaccionado a la pérdida de un derecho o alguna medida lesiva desde el gobierno, sino que toman la iniciativa con un renovado y creativo ímpetu.

Según el argentino Pablo Vommaro, doctor en ciencias políticas, en los últimos quince años se ha producido un incremento en la participación juvenil en los temas de interés social, con mayor visibilidad, con formas de organización mucho más creativas. Señala Vommaro que la presencia de los jóvenes aumentó en los ámbitos socio políticos.

Movilización de jóvenes por el acuerdo de paz.

Movilización de jóvenes por el acuerdo de paz.

Sin embargo, la participación política de los y las jóvenes ha tenido cambios profundos en la última década. A diferencia de finales del siglo pasado, en donde el paradigma de la participación política se dimensionaba en la esfera de la afiliación partidaria y sindical, miles de jóvenes elegían otras formas de participación, más creativas e innovadoras. Para esos años de implementación y profundización del modelo neoliberal, muchos jóvenes resistían desde diversos escenarios, participando sobre todo de movimientos sociales en donde expresaban sus deseos de cambios en reivindicaciones como la tierra, el medio ambiente, el género, la cultura, y la exigencia de derechos como la educación, el empleo y los derechos concernientes a la libertad de su personalidad.

En la medida en que los procesos de cambios políticos se fueron produciendo por ejemplo en Latinoamérica, fue surgiendo una mayor conciencia para la juventud, en la necesidad de producir cambios sociales, legales, económicos. Por esta razón, en lo corrido del siglo XXI, miles de jóvenes, salieron a las calles a respaldar nuevos procesos sociales de resistencia al neoliberalismo. En algunos casos, como en Bolivia, desde los movimientos sociales que llevaban a Evo Morales a la presidencia de la República y, en algunos otros como el de Chile, en donde la juventud estudiantil en las calles, ha frenado la implementación de reformas neoliberales que lesionan los derechos de la población y en particular de los jóvenes.

Participación en la movilización callejera

Es la calle, sin duda, el espacio de expresión de las nuevas formas de participación política. En la movilización callejera, se congregan los jóvenes de todo tipo. Según Zarzuri, sociólogo e investigador en temas de jóvenes en el Centro de Estudios Socioculturales (CESC) de Chile, la participación política juvenil, ante la desconfianza en las instituciones, se estructura en cuestiones alternativas como marchas, acciones culturales o acciones reivindicativas en temas de especial interés para los jóvenes, pero todas o por lo menos la gran mayoría de ellas, se expresan en la movilización callejera. De estas formas de participación en la movilización en Latinoamérica tenemos muchas experiencias.

En el caso de Chile, el movimiento estudiantil secundario y universitario, que se manifestó a partir del mochilazo de 2001, alcanzó su punto más álgido en el 2006 con el movimiento Pingüino que puso en jaque al primer gobierno de Bachelet, visibilizándose en marchas multitudinarias y tomas de colegios e instituciones públicas. Este movimiento tras años de lucha, logró en el 2015 que el congreso aprobara la Ley de Educación Universitaria Gratuita.

Brasil es otro ejemplo importante, en este país se conocieron movimientos de jóvenes como el Free Pass, en donde miles de jóvenes en las calles protestaron por el transporte público, la mejora de los servicios y la transparencia en las cuentas públicas de este sector. Otro movimiento en este país es el Slutwal (movimiento transnacional), que levantó su bandera por el feminismo, la legalización del aborto y en contra de la violencia contra las mujeres.

En Venezuela, miles de jóvenes participan de las brigadas juveniles y de las distintas misiones que se proponen desde el gobierno de la revolución bolivariana. Fueron en su mayoría jóvenes quienes se volcaron a las calles en el 2002, a defender el gobierno constitucional, elegido democráticamente.

Y por supuesto el caso colombiano, tiene muchos ejemplos en donde los jóvenes en sus manifestaciones, articulan temas sociales, políticos y culturales. Quizás de los más recordados tenemos el movimiento de la séptima papeleta, que tuvo como resultado la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente del 91, en donde los actores principales fueron estudiantes universitarios. Y la segunda experiencia más recordada, fue la de la MANE, en el 2011, que no solo sacó a miles de estudiantes a la calle a frenar las pretensiones del gobierno nacional de entregar la educación superior a los intereses del mercado, sino que generó todo un movimiento social, mas allá de la comunidad estudiantil, alrededor de la defensa de la educación colombiana, llevando al presidente Juan Manuel Santos a retirar el proyecto de ley con el que se pretendía hacer dichos ajustes. Y el más reciente torrente de jóvenes que en los últimos años han inundado las calles exigiendo implementar los acuerdos de paz entre las FARC-EP y el Gobierno nacional.

Estas experiencias entre muchas otras, dan cuenta que las movilizaciones juveniles por la construcción de políticas generacionales, están cimentadas en las resistencias de los jóvenes a las medidas lesivas contra sus intereses y en la búsqueda de un futuro distinto, mediante formas alternativas de participación en la política.

De la resistencia en las calles a los escenarios de poder

Como quiera que la juventud ha logrado convertir la calle y la movilización popular en escenario de participación, también ha entendido que estas, se integran con el campo de disputa y conflicto por la conquista de las herramientas para generar los cambios sociales necesarios, a través de lo que Lenin llamaba las altas esferas del Estado. 

Varias de las experiencias latinoamericanas que comentamos anteriormente, han articulado la participación política de expresiones callejeras, con la participación política en el Estado, integrando listas al parlamento en algunos casos, y en otros accediendo a los gobiernos como funcionarios. Tal es el caso de Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y Venezuela.

Estas experiencias nos recuerdan inicialmente lo importante y necesario que ha de ser para las aspiraciones de los sectores populares, acceder a escenarios de poder en virtud de construir reformas y gobiernos democráticos como garantes de las transformaciones sociales. Pero también nos enseñan el papel de la movilización popular y callejera, como herramienta indispensable en la defensa de las reivindicaciones más sentidas de la sociedad, y como mecanismo y garantía popular, para disputar los escenarios oficiales de participación política.

La participación juvenil tiene hoy esta perspectiva crecientemente integradora y articuladora. Esta dimensión le agrega elementos importantes a las causas que se abrazan y por las cuales se lucha. Nuestra juventud, la que participa, se moviliza, se compromete, está muy viva. Y allá donde es posible su expansión y su manifestación, se hace presente de una manera contundente y transformadora. El futuro es joven.

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