Pedro Pablo Bello. Un guerrero llamado “Chaparral”

Siendo uno de los diputados a la Asamblea de Cundinamarca más destacados en el periodo legislativo que le tocó asumir, Pedro Pablo Bello fue asesinado el 19 de octubre de 1978, hace 38 años. Sus verdugos lo esperaron a la salida del hospital San Juan de Dios, conocido como La Hortúa, y le propinaron cinco tiros mortales.

Es posible que en los instantes finales de su vida, ahogado en sangre, mientras libraba una lucha tenaz contra la muerte, que finalmente perdió, no se haya sorprendido mucho por el atentado. “Caminaba y olía la muerte”, dijo un hijo suyo a uno de los periodistas de VOZ, que consultó a la familia antes de proyectar esta nota.

Pedro Pablo Bello (Chaparral). Plumilla de Arlés Herrera, Calarcá.

Pedro Pablo Bello (Chaparral). Plumilla de Arlés Herrera, Calarcá.

Cuando en su madurez, siendo un revolucionario a toda prueba, tomó conciencia de las amenazas y los peligros en que se movía, alguna vez le pidió a su esposa, Julia Eva Romero: “no me vaya a dejar a los muchachos sin estudiar”.

Y es que la preocupación por la educación de sus hijos, para que tuvieran una proyección que les permitiera, como a él, servir de la mejor manera a la sociedad, matricularse en una causa justa, fue una de las mayores preocupaciones de su vida.

Ese era el perfil de un hombre, de raigambre campesina, nacido en Pandi, Cundinamarca, el 14 de mayo de 1928, que a los 16 años tuvo que alzarse en rebeldía contra el latifundista José Antonio Vargas y que lideró la resistencia armada de los campesinos del Sumapaz y del oriente del Tolima contra la violencia terrateniente y en defensa de la tierra y de la vida.

Esa lucha por la vida, por la dignidad de los campesinos, por su derecho al trabajo, marcó su existencia hasta el día de su muerte. Como insurgente, fue conocido entre los suyos como “Chaparral”, un nombre que con  solo mencionarlo infundía respeto y autoridad.

Luchó al lado de otros grandes de la resistencia campesina del Sumapaz como Juan de la Cruz Varela, Gerardo González, Julio Alfonso Poveda, Pedro Acosta, La Negra ‘Gavilán’ y Jesús Morales.

Esa generación de líderes agrarios, contribuyó a la educación de los campesinos en la reclamación  de sus derechos. Para ello, de manera paralela, organizaron la resistencia armada y al mismo tiempo núcleos importantes del Partido Comunista, como soporte ideológico de la resistencia. Durante los años de la violencia conservadora, el Partido fue ilegalizado. Pero tampoco mejoraron las cosas durante los años posteriores del Frente Nacional. Había todo un ejército de ‘pájaros’, como se conocía a los bandidos a sueldo de los latifundistas, con José Antonio Vargas al frente, para liquidar la resistencia campesina y asesinar a sus líderes reconocidos.

Esa lucha campesina no fue en vano. La semilla que ‘Chaparral’ y sus hombres sembraron, ha dado frutos generosos. Hoy, que Colombia está a las puertas de un histórico acuerdo de paz con la insurgencia, ya habrá tiempo de rescatar, en escritos más generosos, esa bella historia de lucha campesina, de amor por su pueblo.

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