La tumba de Antígona. El otro, la otra

Por: Renata Cabrales

Debido al modelo neoliberal del insostenible sistema capitalista, se han querido eliminar de las universidades, las ciencias humanas, por no ser rentables en el mercado laboral. Conviene entonces, educar personas deshumanizadas que funcionen para el sistema. Es por eso que las carreras que se publicitan ahora son las tecnológicas, las que tienen una duración de menos de tres años de estudio y que preparan al estudiante para salir rápido y directo al mercado laboral, a trabajar para el sistema, a ser un esclavo más.

Tomada de: El Tiempo digital

Tomada de: El Tiempo digital

Se educa hoy en día a las personas para ser competitivas. La noción de éxito se mide de acuerdo al ascenso que se recibe en la empresa, a la marca de carro que se compre, a la gran deuda que se obtenga con el banco para poder obtener una vivienda. Y esa vana ilusión de triunfo nos ha conducido a esa Era del vacío anunciada por Lipovetsky; a un individualismo exagerado en el cual no tenemos conciencia del otro o la otra.

Debido a esta sucia estrategia de adoctrinamiento de ovejas funcionales para el sistema capitalista, se ha llegado a especular que las ciencias humanas no sirven para nada.

El poeta Santiago Espinosa, en un conversatorio sobre creación y paz, habló sobre cómo las y los niños aprenden sobre la empatía a través de la lectura o del arte en general, pues en los cuentos, por ejemplo, reconocen la existencia de otros seres que viven diferentes situaciones y esto les despierta sentimientos más humanos.

Así mismo, aprendiendo a leer y a escribir, las mujeres empezaron a conocer su historia y a darle sentido a su existencia en un mundo de hombres, donde se les representaba y fantaseaba según la imaginación de estos.

Todo esto para responderle al alcalde de Cartagena, quien, con necedad, dio a entender que a un muchacho pobre, estudiar filosofía, no le sirve de nada.

Pero el mismo Platón sugirió que los filósofos deberían gobernar, esto con el fin de que haya una mayor  conciencia de la existencia de ese otro, otra; para entender mejor la humanidad.

Conciencia de la que carecen miembros de la ultraderecha que gobierna al  país, que catalogan de monstruos a las y los guerrilleros de las FARC; quienes han enfrentado los estragos de la guerra eterna,  y todo por desear un país más justo, y que en este momento, lo único que esperan es que se implementen los acuerdos de paz, para poder ser aceptados en esta sociedad como lo que son: seres humanos que anhelan vivir en un país con justicia social, ese otro que el egoísmo nos ha obligado a ignorar.

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