El fracaso del modelo neoliberal o el drama de Villa Juana

La política de privatizar los servicios públicos fracasó. Electricaribe es un elefante blanco de ineficacia en la prestación del servicio de energía en la Costa Atlántica

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Juliana Sánchez

El neoliberalismo en Colombia ha penetrado en todos los intersticios de la economía, a tal punto que los derechos fundamentales, constitucionales y legales devinieron en mercancías. Derechos como la salud, educación, seguridad social, se prestan a través de intermediarios, asumiendo, por lo tanto, la esfera pública una lógica privada. La prestación de los servicios públicos domiciliarios no ha sido excepción, fraguado desde la propia Constitución, y finiquitada con la ley 142 de 1994.

Este modelo ha fracasado, y su ejemplo más visible es la empresa que presta el servicio de energía eléctrica en la Costa Atlántica: Electricaribe S.A. E.S.P. Años de críticas de los usuarios no han servido para solucionar de fondo la baja inversión de la matriz Gas Natural Fenosa (de España); deterioro del cableado por falta de mantenimiento y no ser de calidad; abusos en el cobro de las facturas; y las siempre recurrentes oscilaciones. A pesar que la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, que tiene responsabilidad por esta situación, ha demostrado que la causa no está en la “cultura de no pago”, como aducen aquellos, no señala la causa, que da origen al título del presente: el fracaso del modelo neoliberal en la prestación del servicio de energía eléctrica.

El Estado se ha desembarazado de esta prestación, pudiéndola asumir subsidiariamente, para que el sector privado sirva de intermediario. Pero la lógica privada del sistema capitalista atiende sólo a la valorización de esta mercancía, sin atender al interés general.

El servicio sólo lo pueden adquirir quienes tienen la capacidad de acudir al mercado para comprarlo a la empresa; con el ánimo de reducir costos, no sólo flexibilizan las relaciones laborales, prestándose a través de contratistas, sino que dejan de invertir, de reparar y hacer mantenimiento en todo aquello indispensable para la prestación del servicio. Más preocupante resulta que la crisis de la empresa la asuman los usuarios, y no la empresa, con la complacencia del Estado, protegiendo la inversión extranjera.

Que esto es así se refleja en la vereda Villa Juana, del municipio de Manatí, que colinda con Aguadas de Pablo (Sabanalarga). Los habitantes protestaron el 29 de octubre para visibilizar el corte de la energía eléctrica durante varios días, siendo la causa, no la “cultura de no pago”, sino el cobro exorbitante a todos los inmuebles de 1007 kw/h ($422.768 pesos en consumo, menos el subsidio de $182.156 pesos, da un total de $240.590 pesos, a lo que falta incluir pagos a terceros) a los inmuebles que escasamente tienen los electrodomésticos necesarios. El corte opera bajo los medidores electrónicos que fueron recientemente instalados, en detrimento de la energía social, que exigen nuevamente los habitantes.

Indigna el atropello de Electricaribe S.A. E.S.P. a los habitantes de Villa Juana, abandonada por el Estado; igualmente, la crisis de esta empresa debe colocar en el centro del debate la necesidad de la prestación del servicio por parte del Estado, máxime, cuando se han anunciado racionamientos por falta de pago de aquella a XM.

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