La inclusión es esencial para la paz: “Hay que preservar lo sustancial del acuerdo”

Una línea roja de la renegociación del nuevo acuerdo de La Habana fue es la inclusión de sectores LGTBI, y víctimas del conflicto

Nixon Padilla, en declaraciones a VOZ antes de conocerse el acuerdo definitivo con las FARC-EP.

Nixon Padilla, en declaraciones a VOZ antes de conocerse el acuerdo definitivo con las FARC-EP.

Hernán Camacho
@camachohernan

El presidente Juan Manuel Santos invitó a todos los sectores del “Sí” y a quienes reclaman acuerdo ya, a la Casa de Nariño a intercambiar opiniones frente a una renegociación del acuerdo. La gran mayoría del país se vio allí representada menos el sector Lgbti, quienes reclaman ser escuchados en la mesa de conversaciones para un nuevo acuerdo. Nixon Padilla es vocero de Lgbti por la Paz y fue uno de los delegados que estuvieron reunidos con las FARC en La Habana. Habló con VOZ y nos explicó lo que esperan del nuevo acuerdo.

–¿Cómo valoraron los acuerdos de paz firmados en Cartagena?

–Los acuerdos del 26 de septiembre llenaban de expectativa a los movimientos sociales, de mujeres y Lgbti. Ese acuerdo era el primero en el mundo que incluía el enfoque de género; eso implicaba que se reconocía a las mujeres y a las personas Lgbti que habían tenido una afectación diferencial en el conflicto. Es decir, el impacto de las consecuencias del conflicto en las mujeres y en la población diversa, y por tanto era necesario establecer políticas diferenciales para resarcir esos daños. Un acuerdo de verdad incluyente.

–¿Era un acuerdo transformador?

–Sí y era también el mejor aporte histórico de Colombia para el mundo. Hoy creo que el país no ha percibido el alcance de los primeros acuerdos de paz en cuanto al enfoque de género. Y tal vez esa es la razón por la cual los sectores religiosos se opusieron con tanta vehemencia, que no es solamente en Colombia, las iglesias cristianas, católicas y musulmanes en el mundo han venido actuando conjuntamente para no permitir ese avance diferencial en las políticas públicas con enfoque de género.

–¿Qué se perdió de ese primer acuerdo de paz?

–El plebiscito se pierde en algún sentido debido a la campaña del miedo que le sembró la derecha y las congregaciones de fe del acuerdo respecto al tema de enfoque de género e inclusión y reconocimiento de la población Lgbti. Se avanzó en reconocimiento e inclusión, al perder el plebiscito pierde la sociedad colombiana. Los sectores homofóbicos empiezan a empoderarse y las personas dejan de hablar libremente de los temas Lgbti. Estábamos avanzando al punto que las personas ya no evitaban hablar hablar homofóbicamente en público. Antes del acuerdo estaban cambiando situaciones como esa.

–Ustedes se reunieron con la Delegación de Paz de las FARC-EP. ¿Cuál es ese balance?

–A La Habana llegan distintos sectores del país a conversar con las FARC sobre el futuro del acuerdo. Allí estuvieron, incluso, las congregaciones cristianas que votaron por el no. Pero la insurgencia abre las puertas para hablar con los sectores del Sí. Entonces allí llegamos y encontramos a unas FARC muy receptivas de las opiniones que nosotros consideramos para el futuro del acuerdo y ellos nos explicaron el proceso de diálogo con las iglesias y sus opiniones acerca de los temas en debate.

Logramos ponernos de acuerdo en un documento que contiene un compromiso de llevar nuestras opiniones a la mesa de conversaciones sin que ello quiera decir que esas propuestas fueran acogidas en su integridad, pero que eran el punto de partida de la renegociación. El objetivo de las propuestas era preservar lo sustancial del acuerdo, aclarar y reinterpretar. Lo que dejamos claro es que temas como el de familia o el matrimonio no eran del resorte del acuerdo y que no debían ser impuestos en la renegociación.

–¿Cuál fue la propuesta central en ese intercambio?

–Nosotros como movimiento Lgbti estamos defendiendo las libertades individuales y colectivas, apoyamos que las víctimas del conflicto fruto de su convicción religiosa deban ser reconocidas en el acuerdo y tener un tratamiento particular. Pero lo que no se puede permitir es que los acuerdos se transformen en torno a la religión. Lo otro que consideramos es que nosotros debemos ser los primeros en defender en los acuerdos la libertad de culto, de expresión y de conciencia.

No obstante somos claros en que la libertad de expresión no puede ser una patente de corso para discriminar desde el púlpito. Yo tengo derecho a educar a mis hijos de acuerdo a mis convicciones pero eso no quiere decir que se eduque en discriminación. Las libertades tienen límites que son los derechos de otros.

–¿La consigna de la derecha sobre la “ideología de género” le está haciendo daño al país?

–La ideología supone dar una explicación de la sociedad y del universo. Cuando uno habla de ideología de género no da respuestas ni filosóficas, ni políticas, ni sociales, ni económicas de la sociedad. El género es una categoría de las ciencias sociales que permite establecer los roles de las personas según el sexo biológico con que nacen y según la cultura en donde tienen representaciones distintas. El género también nos sirve para determinar los grados de discriminación de una sociedad por el sexo de cada persona.

Esas discriminaciones pueden ser combatidas con política pública. Entonces, un enfoque de género es una mirada puesta en cada uno de los puntos del acuerdo y sustrae de allí cómo afecta el conflicto a las mujeres y a los sectores Lgbti, para diseñar planes y programas para implementar lo acordado. En los acuerdos de paz no se está definiendo el comportamiento de la mujer o de los hombres, se está subsanando la exclusión de la sociedad y algunas causas del conflicto.

–En otras palabras: De no reconocerse el género se está cerrando la democracia.

–Correcto. Es más, el género no es el único enfoque. También desde otras perspectivas diferenciales y me explico: el conflicto armado afecta a las personas en condición de discapacidad de una manera distinta que a los afrodescendientes o a los indígenas. El conflicto afecta de manera distinta a los obreros de las empresas en la ciudades capitales que a los campesinos en escenarios de guerra. La implementación de los acuerdos debe conducir a políticas públicas correctivas y todas de manera diferencial al conflicto armado. Eso es reconstruir el país de manera democrática.

–El gobierno Santos ha hablado con organizaciones sociales, pero llama la atención que el sector Lgbti no ha estado en las reuniones ¿Es intencional eso?

–El Gobierno ha tenido una actitud vergonzante. Desde el 26 de septiembre y antes del 2 de octubre el Gobierno le dijo al mundo que el acuerdo de paz firmado tenía un enfoque de género único en el mundo en que incluía a las personas Lgbti, luego del 2 de octubre lo primero que hizo fue invisibilizar cualquier tipo de relación de su Gobierno con personas Lgbti.

Ya había antecedentes negativos como clausurar las medidas antidiscriminación en la educación pública, dar por terminada la encuestas del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, sobre sexualidad en la escuela pública, retirar a Gina Parody sin que compartamos su gestión sobre la educación, a ella la retiran del Ministerio por ser lesbiana y el Presidente le entregó su cabeza a los sectores más fanáticos. El Gobierno no dialoga con los sectores Lgbti y nos sacaron del discurso político. Y eso se extrapola a las administraciones locales en donde hoy se tiene miedo de elaborar una política Lgbti y eso genera un retroceso de dos décadas. Santos le tiene pánico a la extrema derecha y nos está usando como moneda de cambio.

–¿Qué esperan de esta renegociación?

–Nosotros estamos confiados en que en la mesa nos escuchó y que el nuevo acuerdo guarde lo esencial en cuanto a reconocimiento de derechos. Creemos que la subcomisión de género debe mantenerse. La paz no es callar las armas sino democratizar el país.

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