Paul Lafargue, revolucionario cubano-francés

Fue periodista, médico, autor de muchas obras de diversas clases; por encima de estos logros culturales y científicos, siempre se destacó como un revolucionario comprometido con las luchas populares e ideológicas, en muchas partes de Europa.

Paul Lafargue.

Paul Lafargue.

Hernán Ortiz Rivas

Paul Lafargue nació en Santiago de Cuba, el 13 de enero de 1842. En ese tiempo la isla era colonia de España. Murió en Draveil, Francia, el 26 de noviembre de 1911, por obra y gracia del suicidio compartido con su esposa Laura, hija de gran Karl Marx. Le gustaba decir que en su familia había tantos colonos como esclavos, que por su cuerpo y espíritu fluía la sangre de tres razas oprimidas: la judía, la mulata y la caribe. Su abuela paterna era una mujer oriunda de Haití; la abuela materna provenía de indígenas cubanos; por el lado del padre, sus abuelos, Jean Lafargue y Abraham Armangc, descendían de franceses.

El padre de Paul era empresario de café, tenía una buena fortuna económica; por ello pudo estudiar cómodamente, los primeros años en Santiago de Cuba, luego en Burdeos y Tolosa, Francia. La medicina la aprendió en París. Paul Lafargue fue periodista, médico, autor de muchas obras de diversas clases; por encima de estos logros culturales y científicos, siempre se destacó como un revolucionario comprometido con las luchas populares e ideológicas, en muchas partes de Europa.

El militante

Desde muy joven se sintió atraído por el socialismo. Al principio militó en el anarquismo de Proudhon, como tal fue miembro de la Internacional de trabajadores, representando a Francia; por estas actividades tuvo que dejar los estudios de medicina, provisionalmente, le tocó trasladarse a Londres, donde conoció a Marx y a su hija, Laura, con quien contrajo matrimonio en 1868. Durante mucho tiempo, junto a la lucha revolucionaria, Paul se dedicó a difundir la obra suprema de su suegro: El Capital. Crítica de la Economía Política.

También se ocupó de escribir bastantes ensayos sobre temas políticos, económicos, sociológicos, históricos, entre ellos, el más conocido de todos: El derecho a la pereza, que le ha dado mucha fama. En Inglaterra actuó como miembro del Consejo de la Primera Internacional Socialista, más tarde se desempeñó como responsable de esa asociación en España (1886-1887). Paul Lafargue tuvo participación activa en la famosa Comuna de París de 1871, en España contribuyó con Pablo Iglesias Posse a la fundación del Partido Socialista (PSOE) y a librar una dura lucha contra el anarquismo ibérico, fuerte movimiento en la península.

Regresó a Francia, en compañía de Julio Guesde, crearon el partido Los Obreros (1880-1882) y su órgano de difusión: Le Socialiste, revista que tuvo una circulación de una década. En Francia, Lafargue continuó la divulgación del marxismo. A partir de 1880 se encargó de dirigir el diario L’Egalité, donde apareció la obra citada: El derecho a la pereza, formidable alegato que reivindica el ocio como factor de progreso económico, político, obra muy controvertida que merece un estudio aparte, por su significación muy universal.

En 1883, junto con Guesde, los condenaron a seis meses de prisión por sus actividades revolucionarias, sanción cumplida en la cárcel de Saint-Pelagie. Una década más tarde, volvió a ser condenado a prisión, pero tal condena no la cumplió, por haber sido elegido como diputado al parlamento por Lille. Lafargue fue el primer marxista que ingresó al legislativo francés, donde realizó variadas actividades políticas e ideológicas en favor del pueblo y la cultura europea. Siempre pregonó que el socialismo será la opulencia de todos, la disminución del tiempo de trabajo, el derecho a la pereza. Decía que no se puede trabajar más de tres horas diarias, holgando y disfrutando el resto del día.

Suicidio

A fines de la primera década del siglo pasado, Paul y Laura, vivían en Draveil, pueblo cercano a París, donde fueron visitados por Lenin y Engels, quienes con su proverbial generosidad les brindó ayuda económica. La familia Lafargue-Marx llevaba una vida campestre, alejada de los ajetreos urbanos, de la lucha revolucionaria. Un 26 de noviembre de 1911, a la edad de 69 años, Paul, junto con su pareja Laura, decidieron suicidarse, como lo había anunciado Lafargue, en una especie de carta de despedida. Antes del suicidio, los dos asistieron a un cine y a una cena frugal.

En dicha carta, Lafargue dijo que estaba “sano de cuerpo y espíritu”, que se quitaba la vida para no llegar a la vejez, que moría con alegría, convencido del triunfo final del comunismo en el futuro. Los cuerpos de Paul y Laura fueron incinerados en el cementerio de Père Lachaise, donde concurrió mucha gente. Parece que Lenin dijo unas palabras, expresando su gran dolor ante la muerte de sus camaradas; de Lafargue expresó que era uno de los más talentosos y profundos difusores del marxismo, un luchador ejemplar de la causa comunista.

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