Trump llega a la Casa Blanca: Entró el diablo… y escogió

La comunidad internacional reacciona con cautela frente a resultados electorales en Estados Unidos. La ultraderecha celebra. En 30 ciudades de la Unión se extienden manifestaciones multitudinarias al grito unánime: “¡Trump no es mi presidente!”

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Alberto Acevedo

El primer presentador de un reality de televisión y primer candidato sin experiencia política de ninguna índole, después de Dwight Eisenhower, que gana las primarias de uno de los grandes partidos en Estados Unidos y se asegura un mandato presidencial en la Casa Blanca ha sido el señor Donald Trump.

Es además el primer candidato que ha pasado los primeros meses de su campaña presidencial defendiéndose de denuncias de agresión sexual contra mujeres que estuvieron en su entorno en diferentes momentos de su vida. Un candidato acusado de sexista, de abusador sexual, que se ha enfrentado a la familia de un soldado muerto y a una Miss Universo.

Trump ha sido un hombre de negocios que gana mucho dinero, un hombre de espectáculo, sin experiencia política. Por su lenguaje chabacano ha sido odiado por gran parte del establecimiento. Pero en Estados Unidos, con una sociedad fundamentalista, lo que mostró la campaña es que el candidato republicano habló de cosas que le interesan a la gente, dirigió un mensaje atractivo para una población blanca, aterrada por la pérdida de la supremacía blanca, que empieza a ser consciente de que en una década la mayoría de la población pertenecerá a otras razas, y Trump ha logrado movilizar a esa base social. El candidato republicano les habló de empleo, migración, comercio.

La dirigencia política de las grandes potencias y los conglomerados transnacionales han reaccionado con cautela. En tanto que las fuerzas democráticas del mundo, con estupor.

Incertidumbre

La primera reacción fue el desplome de las bolsas de valores en el mundo, aunque en su juego natural, al final de la jornada mostraron euforia. El Consejo Europeo habló de la existencia de “un momento de incertidumbre”. El presidente de Francia, François Hollande, dijo: “hay que vigilar estos resultados”. Putin, desde Moscú, señalo: “espero mutua cooperación”. Otros analistas mundiales compararon los resultados de las elecciones en Estados Unidos con el Brexit en la Gran Bretaña y hasta con el no del plebiscito por la paz en Colombia.

También la ultraderecha en el mundo reaccionó a su manera, con júbilo. La señora Marine Le Pen, del ultraderechista Partido Nacional, de Francia, fue la primera en felicitar a Trump. Los grupos fascistas de Holanda, Italia y varios países nórdicos están de plácemes. Los grupos neofascistas norteamericanos aseguran que Trump es su líder natural. David Duke, fundador de Los Caballeros del Ku Klux Klan, dice que Trump defiende los mismos intereses que él.

En el mismo sentido se han pronunciado los líderes del fundamentalista Tea Party, o Partido del Té, un grupo que alienta el odio racial y la xenofobia. De hecho, varios de sus líderes se perfilan como candidatos a ocupar algunas de las carteras del nuevo gabinete ministerial.

Manifestaciones

Más significativa ha sido la reacción de numerosos sectores de opinión que han protagonizado multitudinarias manifestaciones en, al menos, 30 ciudades del país y han mantenido ese estado de combatividad ya por una semana. Nueva York, Filadelfia, Chicago, Boston, Seattle, Portland y San Francisco han sido escenario de demostraciones que a menudo han terminado en enfrentamientos con la Policía, con saldo de numerosos heridos y detenidos.

La consigna que ha resonado en las ciudades ha sido: “Trump no es mi presidente”, y se ha convertido en tendencia en las redes sociales. Los protagonistas de estas expresiones, en su mayoría, han sido jóvenes y mujeres, convocados por organizaciones sociales y grupos de izquierda. La mayor concentración hasta ahora se dio en la esquina del Central Park de Nueva York, cerca de la Torre Trump, sede de la actividad empresarial del electo presidente.

En las primeras protestas contra la elección de Trump, a mediados de la semana pasada, estuvo presente la celebridad de la música pop Lady Gaga, quien levantó un cartelón con consignas alusivas a la protesta. La presencia de Gaga es indicativo también de una tendencia entre artistas norteamericanos. Uno de ellos, Arnold Schwarzenegger, de conocida militancia republicana y de pensamiento conservador, había dicho: “Por primera vez desde que en 1983 me hice ciudadano norteamericano, no votaré por el candidato republicano”. También están las declaraciones de apoyo a los manifestantes del destacado actor Robert de Niro.

Deportar a millones

Algunos aspectos del programa de gobierno de Trump, una vez confirmada su elección, de los que confirma su ejecutoria, son sencillamente tenebrosos. Ha dicho, en su primera entrevista de prensa, que deportará hasta tres millones de inmigrantes, a los que califica de ‘criminales’. Si no los deporta, los mete a la cárcel. Ha insistido en su idea de construir un muro en la frontera sur con México, para detener el ingreso de ciudadanos indocumentados a su país. Más bien, se trataría de extender la construcción de un muro que ya existe.

En una estrategia de cerramiento ante el mundo, propone revistar los tratados de libre comercio, como el Nafta, que solo mantendría en la medida en que sus socios comerciales acepten nuevas imposiciones. Con este mismo rasero amenaza con revisar las condiciones de participación norteamericana en la OTAN. Ya dijo que suspenderá la ayuda a prácticamente todas las agencias de las Naciones Unidas que subsidia Washington.

Ha dicho el presidente electo que hará trizas el acuerdo nuclear suscrito por seis potencias integrantes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con Irán. Dice que va a recortar las ayudas internacionales de todo tipo, aumentar el presupuesto militar y a hundir el sistema de salud pública instalado por Obama, más conocido como el ObamaCare.

Panorama sombrío

Prometió mano dura contra China, un socio comercial principalísimo con el que mantiene un comercio de 600 mil millones de dólares. Trump ha dicho también que endurecerá su estrategia contra el terrorismo y el narcotráfico.

Este último aspecto de su política exterior puede afectar de manera significativa el conjunto de sus relaciones con América Latina, a varios de cuyos gobiernos, de acuerdo a la plataforma republicana, califica de terroristas o de narcoestados.

En la región existe enorme expectativa por el tono que adopten las relaciones del nuevo gobierno con países como Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, y aun con el proceso de paz en Colombia.

Lo cierto es que el panorama no es bueno. La potencia con mayor capacidad bélica en el mundo, con un potencial nuclear suficiente para destruir dos o tres veces el planeta, elige como su presidente al representante de una colectividad que piensa en aniquilar, en exterminar o esclavizar a otros seres humanos, solo por tener características físicas y culturales que, les parece, no están a su altura.

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