Fútbol: Todos contra el RB Leipzig

No sólo es un club superficial y sin tradición, el hecho de poder saltarse las reglas por ser de una multinacional potente y con mucho dinero hace enfadar a todo el mundo.

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La historia del fútbol está llena de gestas por equipos pequeños que logran ganarse la simpatía de todo el mundo. Por otro lado, los detestados suelen ser los grandes que copan los trofeos nacionales e internacionales. En esta caso se trata de una entidad odiada por un país entero: el RB Leipzig. El primer club de la antigua RDA que se coloca en los altos niveles del campeonato de la Alemania unificada podría ser una historia bella, pero hay que contar todo el contexto. Este caso es la demostración de la intromisión agresiva del capitalismo en el fútbol: fábula o abominación depende únicamente del análisis de todos los componentes.

Todos tenemos la necesidad de creer en fábulas, nos hemos contagiado del Leicester o Islandia, nos gusta ver que David gana a Goliat. Es un sentimiento que nos hace sentir que en fútbol todo es posible, que se pueden desafiar a los grandes. Tras el último ascenso, la atención mundial se centra en Sajonia. Numerosos artículos documentar el liderato de un conjunto de la antigua RDA en la Bundesliga. En el fondo los alemanes del Este, asfixiados por la Stasi y expulsados de la historia, son un pueblo que inspira curiosidad. Y el Leipzig, lejos de ser un residuo bélico de aquella época, se convierte en trend topic.

Lo que no se explica en los medios tradicionales es el motivo por el cual las hinchadas de toda Alemania se están uniendo bajo el lema “Nein zu RB, No al RB Leipzig”. En alguna ocasión se ha lanzado hasta una cabeza de toro muerto para mostrar la repudia a esta escuadra mercantil. Para entenderlo hay que volver hacía atrás, al 2009 cuando Dietrich Mateschitz, propietario austriaco del coloso de las bebidas energéticas Red Bull, decide comprar un equipo en Alemania.

Algo legitimo en los tiempos que vivimos, hay muchos ejemplos en diversos países: la familia Pozzo por ejemplo con Udinese y Watford o Mansour con el Manchester City, New York City y Melbourne City. Lo especial en este caso es que la compra de la entidad ha supuesto un cambio en los símbolos históricos originales. Al igual que en el Red Bull Salzburg, dónde cambiaron los colores y el escudo tradicionales. Lo mismo en Nueva York (donde en 2006 los MetroStars sufrieron la metamorfosis taurina) en Campinas, Sao Paulo, (lugar destinado para los Red Bull Brasil) e incluso en Ghana, sucursal que fue vendida al Feyenoord porque no daba los resultados esperados.

Todos los ejemplos citados tienen la misma camiseta y el mismo logo. Es una nueva estratégica de marketing abusiva en el mundo del fútbol. La marca de bebidas energéticas ha aterrizado en una zona que tenía muchísimas ganas de un tener protagonismo en este deporte. Desde la reunificación sólo cuatro escuadras del Este han militado en Bundesliga: Dynamo Dresden, Hansa Rostock, el desaparecido Lokomotive Leipzig y el Energie Cottbus.

La elección de Dietrich Mateschitz está muy bien pensada. También por un factor económico, Leipzig es una ciudad de medio millón de habitantes con estadio prácticamente nuevo (construido en 2006) e inutilizado. Dicho municipio es históricamente conocido por su feria del libro, ser la vanguardia científica de la RDA y tener una universidad prestigiosa. En definitiva, es una ciudad con muchos recursos, con mucha vida y con gran público potencial joven.

Otra sociedad que fue tanteada para la compra fue el Dynamo Dresden, pero la pasión de sus hinchas hubiera sido un problema. Finalmente el candidato ideal es el Ssv Markranstädt, un pequeño club de barrio. Los aficionados en un primer momento destruyen los carteles publicitarios y queman la hierba del campo, pero no sirve para nada. En un año nace el RB Leipzig y para evitar las protestas compra cuatro equipos juveniles de la Sajonia y las une en un nuevo ‘engendro’ para los seguidores del Markranstädt.

Desde ese momento inicia lo que, según comentaristas deportivos, es una concatenación de artimañas y juegos sucios:

—En primer lugar con el nombre de la sociedad. Las reglas de la Bundesliga dicen claramente que una empresa sólo puede figurar en la nomenclatura sólo en caso excepcional de longevidad en el patrocinio (Bayer Leverkusen). Los austriacos reaccionan cambiando el nombre a RasenBallsport Leipzig, que abreviado es RB, las iniciales de Red Bull.

—La segunda trampa viene en el logo: No se permite una marca comercial en la camiseta. No hay problema, añaden líneas para que los toros den la sensación de movimiento, quitan el círculo amarillo, un poco de Photoshop y sirve para pasar la criba.

—El tercer impedimento está relacionado con la propiedad. En Alemania, el fútbol intenta dar oportunidad a todos. Para evitar posiciones dominantes, las entidades deben tener al menos 51% de acciones populares. Para entrar en la ley, los magnates de Red Bull, crean una sociedad de garantías limitadas para los managers austriacos. Cada cuota cuesta 800€, impidiendo a cualquier persona normal comprar una participación.

—La última exigencia es el ‘Fair Play Financiero’, un concepto indefinido para el RB Leipzig. Lo es en virtud que sus otros equipos en propiedad les ceden jugadores que no suponen costes. De Salzburgo llegan Bernardo, Sabitzer, Keita, Ilsanker, el portero Gulacsi e incluso el director deportivo Ralf Rangnick.

Este continuo salto de las normas ha llevado al Leipzig a ser el equipo más odiado de Alemania. No sólo por ser un club superficial y sin tradición, el hecho de poder saltarse las reglas por ser de una multinacional potente y con mucho dinero hace enfadar a todo el mundo. Todos los participantes de la Bundesliga han reclamado estos abusos mientras cada dos fines de semana el Red Bull Arena se llena de espectadores que van a ver un show del que no se sienten participes, entre otras cosas por el escaso ‘tifo’ existente.

Fuente: Rivista Undici

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