Pacto Juvenil por la paz y los retos del momento

Jóvenes representantes de organizaciones políticas en la sede de los diálogos

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Jhonny Alejandro Marín

Jóvenes de diferentes latitudes políticas e ideológicas hemos trabajado en conjunto con la idea de promover un pacto nacional de jóvenes por la paz. Diferentes plataformas y escenarios confluyeron para lograr dar paso a una idea común como lo es el Pacto Nacional de Jóvenes por la Paz y la reconciliación.

Logramos unir puntos cardinales políticos opuestos; esto se denota cuando se marcan las opiniones y las salidas ante la crisis que vive nuestro mundo, el país y el proceso de paz. Pero creímos importante enviar al país un mensaje claro: Los jóvenes caminan hacia la paz y la reconciliación.

El Pacto Nacional Juvenil logra dinamizar y desdoblar el punto 3.4.2 del acuerdo para la finalización del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, donde los jóvenes se comprometen a ser garantes de la no repetición de la violencia política, esto como elemento sustancial para la reconciliación nacional. Del mismo modo nos sumamos e impulsaremos el Pacto Político Nacional para que en Colombia la violencia política, venga de donde venga, se elimine como práctica, siendo la no repetición la mayor garantía de la reconciliación del pueblo colombiano.

Creemos que en los tiempos donde aúllan aun cantos de guerra, es importante enviar un mensaje para trasmitirle al país, a los distintos sectores políticos, al Gobierno y a las FARC-EP y al ELN, que los jóvenes no quieren seguir haciendo parte de una guerra que nadie nos consultó. Nos rehusamos a no tomar las decisiones que nuestra época demanda, de las cuales la primera es no volver a la guerra, generar las iniciativas suficientes para dirigir esfuerzos que permitan sanar las heridas que deja el conflicto armado y a lograr la aplicación y ampliación efectiva de los derechos juveniles.

Nos referimos a problemas concretos como educación pública, trabajo digno, acceso y promoción del arte, la cultura, el deporte y la recreación. Si bien no es novedoso que la paz va con la aplicación y ampliación de derechos, es supremamente importante que en ello se logre confluir unas voluntades políticas juveniles para manifestarle al país, a todos los sectores políticos y sociales, que los jóvenes, pese a nuestras visiones del mundo, hemos ubicado puntos en común en los cuales trabajar.

Hoy el Pacto ha logrado comprometer a representantes de organizaciones sociales, partidos políticos, Gobierno y delegación de Paz de las FARC-EP. Pero aún es insuficiente, nuestra tarea radica en lograr que el Pacto Nacional de Jóvenes por la Paz supere las buenas intenciones y pueda hacer parte e integre el desarrollo de nuevas iniciativas del orden juvenil.

La delegación de paz de las FARC-EP y el Pacto

Algunas reflexiones surgen y son importantes de resaltar después de la visita de las organizaciones juveniles pertenecientes al pacto en el momento de reunirse con la delegación de Paz de las FARC-EP.

Los procesos juveniles articulados llegan tarde a la mesa de negociación, pese a su capacidad movilizadora en defensa del proceso y a las iniciativas, como fueron brigadas juveniles internacionales, foros, congresos y encuentros, en los cuales siempre se subrayó la necesidad que los jóvenes fueran parteros de un país en paz, en democracia y reconciliado, como procesos articulados no logramos sino hasta al final interpelar y generar un diálogo ante la mesa de negociación.

Pero si bien es cierto esto, es mejor tarde que nunca. Y la experiencia tejida en el diálogo desarrollado con procesos juveniles representados en el pacto y la delegación de las FARC-EP, muestra que muchos de los jóvenes principalmente de partidos tradicionales pueden romper el mito del demonio insurgente y ver que realmente son personas de carne, hueso, con sentimientos, amores y pasiones. Muchos llegaron con miedos a La Habana, pero hoy podemos decir, son defensores del proceso de paz y sienten la necesidad de la reconciliación en el país.

El movimiento juvenil por la paz y la reconciliación

Hoy el gran reto es lograr canalizar el movimiento que se autoorganizó en defensa de los acuerdos de La Habana y de la paz en el país. Los actuales escenarios de movilización muestran que los acuerdos lograron desatar la potencia movilizadora del pueblo colombiano.

Los escenarios de movilización han mostrado cómo los jóvenes siguen jugando un papel determinante en la actual etapa. Campamentos, movilizaciones, plantones y procesos de articulación y organización han brotado en la necesidad de defender el proceso de paz. Ello implica entonces que hoy más que nunca es necesario replantear el entendimiento entre la juventud y la participación política. Las organizaciones juveniles en la última etapa han construido procesos de democracia directa, generando nuevos liderazgos y potenciando la discusión política alrededor de la preocupación por del devenir histórico de nuestro país.

Entonces cuando nos referimos al proceso de paz, el primer nivel de reflexión que debemos desarrollar es, qué tipo de movimiento debe ser este en el campo juvenil. No estamos en momentos de enfrentamientos entre plataformas, procesos y organizaciones. La discusión vanguardista es inútil e infértil. Las reflexiones deben ser, por ejemplo, si en el campo de la participación política los jóvenes cumplen un papel determinante en los procesos de movilización, pero no en los electorales, no implica entonces que la propuesta de ajustes en la democracia debe salir y ser impulsada por los mismos procesos juveniles que en la actualidad no sienten como suyos los actuales mecanismos de participación política y democrática.

El acuerdo de La Habana abre un escenario para rehacer y repensar la participación, la política y la democracia en nuestro país, a su vez que la defensa del acuerdo en general, ha desatado un escenario de movilización. El gran reto del movimiento juvenil, es entonces generar propuestas que encajen y tengan en cuenta los acuerdos, las necesidades y reivindicaciones juveniles y promuevan una nueva institucionalidad para la paz, la reconciliación y la democracia.

Ahora, todo esto deviene en un escenario de disputa política, donde la clase dirigente se opone a los cambios necesarios para la democratización de nuestra nación, y los escenarios de movilización tienen el reto de ganar cada vez más voluntades para lograr los cambios necesarios y la transformación de nuestro país.

El Pacto Juvenil Por la Paz y la Reconciliación es entonces, uno de los escenarios de confluencia que podrá sumar fuerzas a la construcción de ese movimiento juvenil por la paz y la reconciliación. Creemos que las plataformas, mesas y los procesos juveniles deben confluir en un mismo escenario que permita potenciar y desatar la creatividad con capacidad transformadora de los jóvenes para la edificación de un país en paz, y estamos convencidos que el XI Festival Nacional de la Juventud debe cumplir el papel de juntar el torrente de iniciativas juveniles para aportar a la transformación del país, y así lograr la paz, la democracia y la reconciliación.

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